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48 horas llenas de Caribe

En el aeropuerto La Aurora de Guatemala, un equipo de redactores y guías turísticos se disponen a tomar un vuelo que les llevará a disfrutar del Caribe guatemalteco en un completo viaje a este paraíso tropical.

El vuelo hacia Puerto Barrios es toda una experiencia. Viajamos en una avioneta que sobrevuela la capital, dejándola atrás para adentrarse en la gran llanura que se extiende hacia el Atlántico. La travesía es tranquila, con una fantástica vista del cauce del río Motagua. En menos de media hora hemos recorrido los 297 kilómetros que nos separaban de la capital, y ya estamos descendiendo sobre las tropicales tierras de Izabal.

Allí los organizadores de esta oferta turística, una agrupación hotelera del área, nos esperan con un refrescante cóctel. Un microbús descapotado nos traslada, aprovechando para hacer un pequeño recorrido por Puerto Barrios. Esta es una ciudad cuyas casas de madera de estilo caribeño, el aroma a pan de coco y el monumento al trabajador bananero, nos anuncian otras costumbres diferentes a las del interior del país.

El aire caluroso y húmedo de la costa te relaja de inmediato, por lo que cuando llegamos al hotel nos cambiamos en la lujosa habitación y nos damos un baño en la piscina con jacuzzi. Estamos alojados en una de las casas del Amatique Bay, un complejo hotelero situado en una bella bahía, donde el atardecer regala una brisa suave y en la costa anclan algunos yates.

En estas agradables horas de la noche, aprovechamos para visitar las instalaciones de la piscina y la playa. Allí se celebra una fiesta garífuna en torno a una fogata, lo que atrae a una considerable cantidad de visitantes. La música, la danza Jungujugu y el ambiente del antiguo castillo español creado junto a la costa, imprime un aire mágico de evasión que nos acompaña el resto de la noche.

Día 2: Livingston

A la mañana siguiente dejamos aquel pequeño pueblo de chalets, casas señoriales y puerto de estilo antiguo, pero con yates de lujo. Nos embarcamos rumbo hacia la frontera con Belice, atravesando la inmensa entrada del lago Izabal al mar. Allí se encuentra la Playa Blanca, una extensión de arena plateada que se adentra en un mar tranquilo y templado.

La mañana se desarrolla placentera entre un juego de voleibol, un baño y descansar en la hamaca. De vuelta a Livingston, nos adentramos en el río Cocolí, una reserva natural que permite la navegación entre el manglar, como si la selva nos tragara por un inmenso túnel verde.

También nos da tiempo para visitar Siete Altares, cuyos saltos de agua dan buena cuenta de la fama que tiene este lugar de recreo. La ascensión de esta caída de agua, te va descubriendo cascadas cristalinas y refrescantes que invitan al baño.

Por fin llegamos a Livingston, hambrientos por tanta aventura. En el hotel Villa Caribe, nos tienen preparada la mejor de las comidas caribeñas. El delicioso tapado de Izabal, ese plato preparado con mariscos, cangrejo y pescado, aderezado con aceite de coco. Delicioso. Y mejor aún, disfrutando del espectáculo del grupo Nuevo Juvenil Garífuna, que nos estaba esperando para amenizarnos con música y coreografías inspiradas en su cultura.

Al irnos del hotel no puedo evitar contemplar con envidia a los que se quedan disfrutando de su impresionante piscina y su área verde con vista al mar. Pero el pueblo más auténtico de la costa caribeña guatemalteca nos espera con sus ritmos de tambor y la alegría de sus gentes, mezcla de garífunas y una población fluctuante de turistas que se quedan por largas temporadas disfrutando de su encanto.

Al caer el día, nos desplazamos hacia nuestro próximo alojamiento. La barca vuelve a surcar el mar, esta vez teñido de los grises de la cercana noche. El viaje es tonificante y mientras nos acercamos al gran enclave naviero de Puerto Barrios, los restos de algunos barcos de carga nos recuerdan el poder de la naturaleza. Quizás por eso, la llegada a cayos de Green Bay se hace más fantasmal y misteriosa.

Los llamados Cayos del Diablo por los buques piratas que los utilizaban para esconderse de los españoles, son dos grandes masas verdes que surgen en el mar imponiendo respeto. Detrás esconden una maravillosa bahía, último destino de este impresionante viaje, donde nos reciben con unos deliciosos refrescos de cocos locos. Se trata del hotel ecológico Green Bay, un sitio perfecto para descansar, aunque también es posible, después de la cena, disfrutar de algo de música en el café-bar.

Día 3: Cerro San Gil

Al alba, estamos preparados para ascender a una de las mayores atracciones geoturísticas del viaje: el cerro San Gil. Se trata de una excursión de no más de dos horas de duración y sin apenas dificultad, así que es ideal para todo tipo de personas. Además, tiene vistas impresionantes de la costa caribeña.

En el descenso, se puede aprovechar para ir a darse un baño a Las Escobas, otro de los regalos naturales del particular clima tropical. Las habituales lluvias de las tardes crean estas cascadas cristalinas de agua pura, fresca y transparente. Para los cansados músculos de una caminata no hay nada mejor que este estimulante entorno acuático, rodeado de la espesa vegetación y el sonido de las caídas de agua.

Cuando partimos de nuestro idílico viaje, el Caribe nos despide con una tormenta que envuelve todo en un halo romántico. Son las doce del mediodía, tan sólo han pasado 48 horas desde que llegamos a este lugar. Sin embargo, el cúmulo de experiencias que hemos disfrutado en el viaje no se pueden medir en términos de tiempo.


fuego, danza y creol-caribe

Izabal es una región ideal para realizar todo tipo de aventuras naturales y deportes acuáticos, como pesca o buceo. También cuenta con puntos cercanos arqueológicos de interés. Su cabecera departamental es Puerto Barrios, una ciudad de interesante arquitectura caribeña, donde destaca el Hotel del Norte, y con una frenética vida nocturna.

El municipio más distintivo por el origen afrocaribeño de sus habitantes es Livingston, que se caracteriza por su música ejecutada con instrumentos de percusión liviana, como la chichara, clave o palmada, acompañada con guitarras. El ambiente del mar está resumido en este lugar, cuya lengua autóctona es el creol-caribe.

Este viaje fue realizado gracias alInstituto Guatemalteco de Turismo.

Redacción viajes