Viaje a Guatemala Viaje a Guatemala Prensa Libre

[ Archivo de publicaciones ]


Notas relacionadas:

Existen destinos turísticos en los que priman el confort, todo incluido, piscinas climatizadas, el mesero amable y la...
Caminar por los senderos de Petén no es solo cambiar la jungla de concreto por la selva tropical. Hacerlo es llenarse...
Toda ciudad que se precie de serlo debe de contar, además de infraestructura y servicios típicos de las grandes urbes,...
Hablar del Lago de Atitlán es reconocer la belleza de este paisaje, un paseo por la calle Santander y una vida nocturna...
Hun Nal Ye, se traduce como “La Casa del Dios de la Luna”.  Un lugar de peregrinaje de varias etnias de los antiguos...
En mayo próximo se dará a conocer las escenas que Maroon 5 y Guster trabajaron en la Reserva de la Biosfera Maya.  ...
Mientras las olas del mar se acercan con más suavidad hacia la playa de arena volcánica, el fuerte sol da paso a una...
Mide alrededor de 130 metros y deslumbra con su entorno boscoso a turistas nacionales y extranjeros. Por Jeovany...

Antigua Guatemala


Copyright

viajeaguatemala.com es un portal de Prensa Libre. Derechos reservados.

Bajo el hechizo del quetzal

La atracción quizás no sería la misma si fuese otra especie, pero se trata del quetzal, un ave que conocimos desde la infancia por estar grabada en el escudo que sella la moneda y corona la bandera nacional, pero que muy pocos tienen el privilegio de contemplar en movimiento y en su hábitat natural. Verlo por breves instantes es suficiente motivación para emprender una aventura en el inhóspito bosque de la sierra Caquipec, en el departamento de Alta Verapaz.

¡Ahí está!, Ahí está! , dice con voz baja, pero emotiva, Francisco Caal, observador de aves que se unió a la expedición en Cobán, desde donde partimos hacia San Juan Chamelco, alrededor de las tres de la tarde. Son las 17:30 y el frío se hace sentir al enfriar el sudor que empapó nuestra ropa, durante la hora y media que caminamos montaña arriba.

Conocedor del canto y costumbres de las diferentes especies de aves que habitan el bosque nuboso, Francisco advierte la presencia del quetzal por los pausados sonidos onomatopéyicos que parecen acercarse. Quietos, cámara en mano y pupilas aguzadas para distinguir cualquier movimiento entre la inmensa maraña verde, esperamos algunos minutos.

Bienvenida o invitación a jugar a las escondidas, el primer encuentro cercano con el ave nacional nos reta para levantarnos de madrugada y descubrirlo en sus vuelos matutinos, en plena época del cortejo que precede al apareamiento. Pero la noche apenas empieza y en la casa de la familia Cho nos espera una velada inusual.

La vela se acabó, hasta mañana

Junto a tres de sus hijos y su esposa, Francisco Cho Beb nos da la bienvenida y nos invita a acomodarnos en una modesta cabaña con dos camas de madera, dos pequeñas mesas y algunas bancas. La ausencia de agua y de luz es sensible. El agua de una palangana debe ser dosificada, para que cinco personas lavemos nuestras manos, en tanto que la duración de algunas pocas candelas marca el límite de la actividad nocturna.

Estamos en el caserío Nuevo Chicacnab, ubicado en las montañas de Caquipec, a un altitud de 2,500 metros sobre el nivel del mar. Un fogón que casi nunca se apaga, niños que juguetean y perros que merodean en espera de algún bocado, son parte del ambiente que impera en las viviendas de 34 familias q'eqchi'es, las cuales se alternan para albergar turistas.

Tras tomar una cena con huevos, hierbas, tortillas, chile y café, compartimos un momento de charla y juego con los habitantes de la casa y algunos vecinos suyos, pero a las velas les queda poco tiempo de vida. Es hora de acostarse y esperar que las bolsas de dormir nos permitan resistir el frío de la madrugada que llega acompañada de un fuerte viento.

Buen ojo y paciencia

El canto de los gallos anuncia la proximidad de la aurora. No hay tiempo ni luz para mudar la ropa que utilizamos para dormir. Zapatos, una chumpa y un paño húmedo para limpiar la cara son suficientes. Debemos salir pronto, buscar un lugar que ofrezca algunas ventajas de visibilidad, armarnos de paciencia y permanecer en silencio.

Hemos esperado durante casi una hora y no hemos visto más que un pájaro carpintero. De pronto, el peculiar canto pausado nos anuncia que un ejemplar se encuentra cerca, pero no está solo. Un sonido similar al del pavorreal indica que, con suerte, veremos también un quetzal hembra.

Francisco señala en dirección a un claro donde se elevan un par de troncos despoblados y medio podridos. Luego de un breve y veloz vuelo, un ave de plumaje verde, con pecho rojo carmesí y una cola formada por dos plumas de medio metro de largo se posa en la punta de uno de los troncos y nos muestra su perfil.

Hermoso y elegante, como si tuviera conciencia de la admiración que despierta en quienes hacen cualquier cosa por verlo, nos observa inmóvil y se deja fotografiar. Segundos, valiosos segundos, se graban en nuestras pupilas y en la memoria de la cámara digital.

Cansancio, sudor, frío. Cualquier incomodidad ha valido la pena y ha sido compensada por las imágenes captadas. Un macho en solitario y, posteriormente, un grupo de cuatro o cinco ejemplares, incluyendo una hembra, han premiado nuestro esfuerzo.

Un adiós en familia

El hambre y el sol de las nueve de la mañana nos recuerdan la hora, volver a la cabaña, tomar algunos alimentos y emprender la caminata de vuelta a San Lucas, aldea situada en la base de la montaña, donde nos espera un vehículo. Poco a poco nos alejamos de la comunidad y nos adentramos de nuevo en el bosque adornado por orquídeas, bromelias y otras especies florales.

Pero no sólo la familia Cho nos despidió con emoción. Como si hubiera sido comisionada para tal efecto, una pareja de quetzales nos da alcance en mitad del camino y se posa durante algunos segundos entre las ramas de un enorme árbol, dándonos nuevamente la oportunidad de usar las cámaras fotográficas.

Finalmente abandonamos el lugar, con cierta tristeza, con el deseo de volver para observar a las parejas de quetzales anidar y alimentar a sus crías.

Romance en las alturas

Los meses de marzo y abril son ideales para observar el cortejo y apareamiento del quetzal. En esta época es posible ver, durante las primeras horas de la mañana, pequeños grupos de machos compitiendo por la aceptación de las hembras.

La conquista resulta más fácil para los machos de cola más larga, quienes realizan espectaculares vuelos en espiral. Una vez formada, la pareja busca un agujero profundo a una altura no menor de 5 metros, para anidar. Usualmente ocupa agujeros cavados por pájaros carpinteros.

Los huevos de quetzal son de color azul claro y para incubarlos la pareja hace turnos durante un período aproximado de 18 días. Al nacer los pichones, los padres continúan alternándose para alimentarlos. Insectos, semillas y frutos tales como el aguacatillo, forman parte de la dieta.

Después de tres semanas, los pichones están emplumados. Una semana más tarde salen del nido para comenzar a volar y es entonces cuando, junto con los padres, emigran para buscar refugio en la parte más densa del bosque.

Esto puede observarse en el mes de mayo.

Aunque es permanentemente amenazado por especies depredadoras, se cree que en la actualidad la población de quetzales se ha incrementado gracias a los programas para crear conciencia ambiental y detener el avance de la frontera agrícola.

Turismo rural

La forma más directa y segura de visitar Chicacnab para observar al quetzal, es mediante los tours que ofrece Ecoquetzal, organización a cargo del proyecto de turismo de bajo impacto o ecoturismo en las comunidades de San Lucas, Chicacnab y Rokjá Pomtilá. Estos viajes permiten conocer la vida silvestre de los bosques nubosos y tropicales y convivir con las familias q'eqchi'es.

La Sierra de Chicacnab tiene la mayor densidad de quetzales en Guatemala. Estudiantes alemanes realizaron, en 1988, un inventario sobre los bosques nubosos y la distribución del quetzal en las sierras de Caquipec, Guaxac y Yalijux y registraron un promedio de 145 aves por kilómetro cuadrado.

El proyecto Ecoquetzal trabaja bajo la cobertura de la Asociación Biosfera y Desarrollo Agrícola Sostenible, BIDAS, y maneja además programas de agricultura y artesanías, con el objetivo de proteger los bosques tropicales y nubosos de Alta Verapaz y mejorar la calidad de vida de los habitantes. Los fondos que se recaudan por concepto de turismo se invierten en mejoras a la comunidad.

A quienes visitan el lugar, se recomienda llevar bolsas de dormir, agua pura, alimentos enlatados y paños húmedos.

Más información en www.ecoquetzal.org

Este viaje se realizó en colaboración con Inguat.

Texto: Lili Beteta.
Fotos: Jorge Morales.



Texto: Lili Beteta.
Fotos: Jorge Morales.