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Iglesia y Convento de la orden Betlehemita
Se localiza sobre la Calle del Hermano Pedro y está ligado a la vida del noble religioso originario de las Islas Canarias. El nombre es reconocido propiamente tanto como Betlemitas y Betlehemitas, aunque a la congregación también se refieren algunos textos y crónicas de la época como “Hermanos de Belén”. En su pequeño parque se encuentra una imagen en honor al Santo Hermano Pedro y a pocos metros del templo una pequeña casa, donde el apóstol de la caridad vivió durante un tiempo y falleciera bajo su techo en abril de 1667. La fundación del lugar data de 1666, un año antes de que falleciera el Santo, solicitando los permisos correspondientes de lo que se conociera como el Matadero o “Prado de las Lecheras”. Se caracterizó por su afán de dar atención a los enfermos, y su noble causa de construir un hospital para el caso fue escuchada y los permisos concedidos sin que pasara mucho tiempo. Alrededor de 1860 el complejo fue ocupado por monjes capuchinos y, luego de varios cambios, ha sido sede de retiros católicos para colegios tradicionales, bajo el nombre de “ La Posada de Belén”. Su fachada cuenta con numerosos detalles y varias imágenes, incluyendo la que hace honor a la orden Betlehemita con la bella escena del nacimiento de Jesucristo en Belén, junto a La Virgen María , San José, el Santo Hermano Pedro y numerosos ángeles y querubines. Un detalle que se escapa a la vista son las dos ovejas en la parte baja, las cuales se confunden con la construcción.
Noble fundador La huella del Santo es profunda, pues aparte de haber fundado la Orden Betlehemita que habitó todo el complejo, introdujo una nueva costumbre en Guatemala: hacer el primer “nacimiento” -representación de la escena bíblica de la llegada del niño Jesús-. Mostró una gran simpatía por los niños y participó en labores de alfabetización. También se le atribuye la tradición de las posadas. Con su propia mano redactó el reglamento que define el estilo de vida de la Orden , basado expresamente en la forma de vivir de su fundador, quien sostenía que toda obra debía basarse en la oración y entrega. Fue nombrado Santo, reconociendo sus virtudes y ejemplos, el 30 de julio de 2002 en ceremonia realizada en territorio guatemalteco por Su Santidad Juan Pablo II, pontífice de la época.
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