Conventos Son lugares en los cuales residen comunidades religiosas que se rigen bajo reglas comunes de su congregación. En La Antigua Guatemala afloraron durante los tiempos de la Colonia , paralelos al apogeo religioso de la época. El primer convento de la ciudad fue el de Santo Domingo, cuya edificación se remonta a 1529 por Fray Domingo de Betanzos. Fue Fray Pedro de Angulo quien fungió como vicario facultado para imponer hábitos, siendo Agustín de Salablanca, de origen europeo, el primero en tomarlos en la ciudad. Alrededor de 1550 se estableció en este lugar la cátedra de Teología. El segundo convento fue el de los religiosos de San Francisco, y aunque su historia se inicia cuando se le otorga lugar para su edificación en 1530, fue en 1540 cuando se reconoció. En la segunda mitad del siglo XX se le da la autoridad de ser Santuario Arquidiocesano del Hermano Pedro. El tercer convento fue el de Nuestra Señora de la Merced , y con la llegada de los mercedarios se fundan los dos primeros centros de esta congregación en el continente. Los mercedarios dejan una huella muy clara, pues comienzan a fundar conventos en todo el Reino de Guatemala. Dentro de esta iglesia se conserva la imagen de Jesucristo con la cruz a cuestas. Es considerada una de las más hermosas que existen en todo el país y atrae a gran cantidad de fieles. Le siguió el Colegio de la Compañía de Jesús por cédula del 9 de agosto de 1561, intitulado de San Lucas. Su templo formal se estrenó el 18 de julio de 1626.
Después se fundó el de los religiosos agustinos en 1610, inicialmente establecido en otro sitio, fue trasladado a las casas que dejaron las religiosas de Santa Catarina Mártir. En 1636 se funda el convento de los religiosos de San Juan de Dios, quienes atendían hospitales para tratar, en lugares separados, enfermos españoles, mulatos, indios y miembros de la iglesia. El convento de Nuestra Señora de Belén lo funda Pedro de San José de Betancurt en 1653. El lugar era pequeño con piso cubierto de paja y atendía a enfermos recogidos en las calles. Se dedicaron en especial a adoctrinar a los jóvenes y con el tiempo construyeron la iglesia. Este fue el inicio de la propagación de la Orden de los Betlemitas, quienes con su trabajo obtuvieron diversas gracias del Papa. En muchas ocasiones los Sumo Pontífices se han declarado Protectores de la Orden. Le siguió la fundación del Colegio de Cristo Crucificado, y con la cédula respectiva del 16 de julio de 1700 se inició la construcción de su convento e iglesia, originalmente de paja y con un humilde altar y sagrario, en el cual contaron desde 1701 con El Santísimo Sacramento. Al final, se fundó la Casa de la Congregación del Oratorio de San Felipe de Neri en la ermita de la Vera Cruz. Este templo tomó luego el nombre de San Miguel, donde fue fundada después la Escuela de Cristo. Se caracterizó porque a pesar de atender a un grupo pequeño, destacó con integrantes y clérigos de vidas ejemplares como don Juan José de Bedolla y otros que más tarde fundaran la Congregación del Oratorio Neriano.
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