En 1524 el Capitán Don Pedro de Alvarado había ya conquistado varias provincias y continuando dicha tarea alcanzó el territorio que los mexicanos denominaban Almolonga, que significa “manantial de agua”. Dicho lugar sorprendió a los españoles por su belleza y decidieron establecerse alrededor de 1524 bajo el nombre de Santiago de los Caballeros. Este valle contaba con la majestuosa vista del Volcán de Agua, un clima privilegiado, ríos de pacífico caudal que se encontraban a poca distancia, y hermosos paisajes. La historia de la ciudad está marcada por tragedias seguidas que asediaron una tras otra a sus pobladores. En 1538 un incendio dejó una huella imborrable que marcaría el inicio de una serie de tristes sucesos. En 1541 llega la noticia de la muerte de Pedro de Alvarado. Beatriz de la Cueva , su esposa, convertida en viuda llora constantemente la muerte de su esposo y por tales tristezas se le llamó “ La Sin Ventura ”. Tras corto tiempo solicita el puesto de Gobernadora de Guatemala, asumiendo ese mismo año dicha posición el 9 de septiembre. Pero irónicamente dos días después, el 11 de septiembre, una tremenda tormenta libera la furia del Volcán de Agua que inundó la ciudad con un torrente de lodo, donde entre sus tantas víctimas cobra la vida de la recién nombrada gobernante. Fue fundada como ciudad en 1543, convirtiéndose en una de las más importantes del continente, pues se constituyó como la Capital del Reino, el cual comprendía Mesoamérica, lo que hoy es Chiapas y Soconusco (ahora en México), Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica.
El legendario Volcán de Agua Es innegable la lucha que tuvieron que lidiar los conquistadores con los habitantes nativos de la región, quienes constantemente recibían malos tratos por parte de los españoles. Fray Bartolomé de las Casas, reconocido luchador de los derechos de los indígenas, realizó acusaciones de tales actos ante la corte española, dejando un precedente serio sobre los sufrimientos de los habitantes originales. La leyenda del volcán comienza con la alegría de los españoles celebrando la llegada de la lluvia. Los indígenas no compartieron tal dicha, pues eran obligados a trabajar bajo el poco amable clima. Cinco días enteros fueron contados y la lluvia no cesaba. Los ancianos nativos anunciaron que se debía al enojo del volcán Hunapú por el maltrato a su pueblo y, con palabras casi proféticas, decían que el castigo le llegaría pronto a la gobernadora y a sus ayudantes. Poderosos estruendos provenían del gigante y a las tres de la madrugada una correntada de lodo, agua y piedras descendió por sus faldas hacia la ciudad, destruyendo a su paso edificaciones y cobrando la vida de muchas víctimas. Entre religiosos y artistas La Ciudad Colonial mostró una gran actividad por parte de las diversas órdenes religiosas que llegaron a Guatemala para evangelizar a los nativos. Los majestuosos templos son vestigios de su tenacidad y continuo trabajo, pues varias de estas edificaciones tuvieron que ser reconstruidas en varias ocasiones debido a los seísmos que golpearon a la ciudad. Suele decirse que al visitar las iglesias puede verse el apogeo del arte de una región, pues en su arquitectura y decoración se manifiesta lo mejor de la época y, efectivamente, años de historia arquitectónica dejaron huellas imborrables debido a los diferentes estilos utilizados, los cuales enriquecen la variedad encontrada en La Antigua.
Traslado de la ciudad Los terremotos de Santa Marta causaron daños graves a sus edificaciones el 12 de febrero de 1689. El 29 de julio de 1773 un nuevo seísmo destruyó la ciudad y, finalmente, se emitió la orden de trasladar la capital al Valle de la Ermita pese al descontento de los habitantes. En 1775 la Corona aprobó el traslado y comenzó a llamarse al lugar “ La Antigua Guatemala ”. Era tal el apego de sus habitantes que, como muchas crónicas lo detallan, fue necesario derribar varias partes clave de las estructuras, no sólo para seguridad de los habitantes cercanos, sino también para desalentar el deseo de su reconstrucción. Muchos templos religiosos fueron afectados por tal medida. Sin embargo, pese al traslado de miles de personas hacia la nueva capital, los habitantes que permanecieron en la antigua ciudad se dieron poco a poco a la tarea de recuperar la belleza de las edificaciones, las cuales anteriormente habían sido estandarte de la arquitectura local. Luego de que a lo largo de los años se continuaron las tareas de mantenimiento, y con gran agrado de los ahora llamados “antigüeños”, La Antigua Guatemala es declarada Monumento Nacional el 30 de marzo de 1944. Veintiún años más tarde, en julio de 1965 fue declarada Ciudad Monumento de América por la VIII Asamblea General del Instituto Panamericano de Geografía e Historia. En noviembre de 1979 la Ciudad Colonial es declarada Patrimonio Mundial Cultural y Natural de la UNESCO , convirtiéndose ante los ojos del mundo en un reconocido tesoro de la humanidad.
|