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Ruinas del Convento de la Concepción
Su historia no fue tan continua como lo fueran las de otras órdenes religiosas. El terreno donado por el obispo Francisco Marroquín alrededor de 1563, tuvo como fin principal ser sede de un edificio con aires conventuales. Pasaron 14 años antes de que el grupo de autoridades religiosas propiciara, junto con México, el arribo de varias hermanas de la orden de la Inmaculada Concepción a Guatemala con el objeto de iniciar el convento.
La labor de las cuatro religiosas comenzó a dar fruto un año después, contando con una integrante más entre su grupo y convirtiéndose en la primera religiosa guatemalteca. De hecho, el convento se caracterizó por ser el primer movimiento conventual para mujeres. Su templo fue estrenado en 1729, 166 años después de los planes iniciales del Obispo Francisco Marroquín. Según crónicas de la época, se multiplicó el número de las integrantes, alcanzando más de cien y con una reconocida conducta llena de devoción. Notas contemporáneas resaltan siguió creciendo y, según la Gazeta de Goathemala, alcanzó a 103 monjas, 140 pupilas, 700 criadas y 12 beatas. Se pueden apreciar en la actualidad las ruinas, recuerdo de la grandeza del convento original destruido por los terremotos que castigaron a la ciudad colonial. En 1774 el convento fue abandonado.
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