Teatro Nacional Miguel Angel Asturias

Se inicia la construcción del coloso

Es en 1971 cuando empiezan formalmente las labores de construcción y es justo mencionar su auténtico logro, pues no sólo la idea en sí era original, sino la dirección y coordinación requirieron maestría, combinado con un equipo de albañiles que encaraban lineamientos distintos a los manejados en la arquitectura común y tradicional.

Al mismo tiempo es construido el edificio de Finanzas Públicas, y la escena del entorno anunciaba una nueva etapa arquitectónica en Guatemala.

El Teatro se diferencia de las construcciones de su
época con formas innovadoras y poco comunes

A diferencia de las construcciones de gran tamaño que se erigían en paralelo, la forma y características del Teatro no eran para nada invasivas, y se integraban a la colina coronándola y armonizando sin problemas.

Sus formas curvas se convirtieron en un excelente complemento del paisaje. Esto salta a la vista si por un segundo imaginamos en lugar de la estructura actual, la forma de un edificio más, con sus ángulos rectos y elevaciones absolutamente frías y verticales. Es entonces cuando de manera convincente aceptamos que el Teatro Nacional es parte del entorno: armonioso y pacífico.

 

Integración de distintos elementos

Su arquitectura involucra símbolos propios de la cultura y entorno guatemaltecos, haciendo alusión a formas comunes de las pirámides, el perfil de un jaguar estilizado, siluetas de mujeres, una gama de colores afín a los símbolos patrios y, sobre todo, las curvas que son características del país de montañas y volcanes.

El ingenio del autor combina forma y funcionalidad, contando con escaleras de emergencia, pasos amplios, rociadores, extintores y ascensos inclinados para personas con dificultades de movimiento.

Todo el alrededor es una excelente amalgama de arquitectura y naturaleza.

La seguridad es una constante, cuenta con un techo de doble losa de concreto que lo aísla y protege del ruido y vibraciones provocadas por los aviones, pues Guatemala cuenta con un aeropuerto dentro de la zona urbana, no muy lejos del Teatro.

 

La naturaleza y la forma se combinan

Rodeado por distintos tonos de verde de los árboles circundantes, el azul y blanco característicos del Teatro parecen fundirse en una vista propia de la naturaleza, asemejando los tonos clásicos del cielo.

La jardinización convive de tal forma que es difícil decir que es un complemento de la edificación, o ésta del entorno. Contrario a esto, son funcionales y se combinan sin problemas. Tanto así que la parte trasera del graderío del Teatro al Aire Libre, con su forma de media luna, se llena del canto de distintas aves que han convertido los árboles circundantes en su hogar.

El paseo desde la plaza principal otorga la vista de un majestuoso, enorme y frondoso árbol que rebosa de vida con el canto de las aves que anidan en sus ramas.

Esta escena se repite en toda el área combinando distintas flores, descansos y bancas, como es el caso de la Plaza Mujeres que evoca de manera artística siluetas de mujeres indígenas.

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