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Rapel en el Filón de Amatitlán

Al principio los descensos son intimidantes, pero con la instrucción debida se percibe la seguridad del equipo.

A pocos minutos de la ciudad capital, a un costado del Lago de Amatitlán, jóvenes y adultos se inician en las aventuras verticales practicando rapel por primera vez en los muros de roca del Filón.

Hay a quienes les tiemblan las piernas, otros con todo entusiasmo se lanzan a la experiencia, mientras a lo lejos familias pasean tranquilamente en las orillas del lago.

Con frecuencia se imparten cursos de este tipo, incluso a expertos aventureros que practican para las competencias llevadas a cabo en Guatemala.

Desde lo lejos, el Filón de Amatitlán se ve imponente y, poco a poco, al acercarse un mundo de naturaleza da la bienvenida en un clima fresco, gracias a la sombra de los árboles.















El equipo utilizado para descenso es certificado y no debe improvisarse.

El Filón de Amatitlán

Comenzamos la experiencia ascendiendo por los frescos y verdes senderos que llevan hacia los primeros muros de roca.

Al pie de un macizo conocido como ET (extraterrestre) se reciben las primeras instrucciones del equipo, que incluye: un arnés de cintura, la cuerda específica para rapel y el sistema de descenso.

Manuel Vanegas, instructor de rapel, explica los modos de uso y los riesgos existentes por malas prácticas.  Todo parece bastante sencillo.  Una cuerda para deslizarse utilizando un sistema de frenado llamado 'ocho'.  Está sujeto a un mosquetón, y éste a su vez al arnés.  La cuerda ingresa por la parte superior del sistema, para luego rodearlo y volver a salir completando su recorrido.  Esto añade fricción y permite controlar la velocidad de descenso.  El extremo libre de la cuerda se levanta para mayor velocidad y se sujeta firme junto a la cintura, hacia abajo, para frenar.

Al iniciar los primeros descensos de baja altura, poco a poco, la técnica se vuelve más intuitiva: no sostenerse de la cuerda y mantener el sistema de frenado en tensión continua, utilizando guantes para evitar roces o quemaduras en la piel.





Como medida de seguridad siempre debe revisarse todo el equipo antes de descender.

Un muro mayor

El siguiente descenso, ya con más confianza, se lleva a cabo en un muro de 18 metros de altura.  Es importante mantener la postura correcta: las piernas semi abiertas para mayor estabilidad, no sostenerse de la cuerda, evitar tocar directamente el sistema de descenso y practicarlo con un instructor experimentado.

Como norma de seguridad, antes de bajar se revisa el sistema de descenso por completo, para así tener la certeza de que no ocurrirán accidentes imprevistos.

La vista es impactante porque el Lago de Amatitlán se dibuja al fondo y el viento se hace sentir, aumentando la emoción.  Así es el comienzo de la aventura.








El recorrido implica ingresar por una cueva y salir por el techo, como una emoción extra.

Un recorrido entre muros

Vanegas indica que falta un muro más alto y con mejor vista.  El camino es en ascenso por los senderos y en breve nos encontramos con una cueva formada por las rocas que se han movido con el tiempo.

Para llegar al muro en cuestión es necesario escalarlo (es una ruta de escalada en roca de alta dificultad, por lo cual esto está descartado) y la otra manera es ingresar a la cueva y salir ascendiendo por su techo, una abertura natural.







El último muro, 24 metros nos esperan

Un pequeño declive y un muro completamente vertical nos dan la bienvenida para finalizar el curso.  La vista del Lago de Amatitlán es magnífica.  El viento se siente con mayor fuerza y una vez hechos los anclajes que sostendrán la cuerda, iniciamos el descenso.

Esta vez la gravedad parece ausente y, con grandes saltos, nos alejamos del muro mientras descendemos a gran velocidad.  Lo único que se escucha es el movimiento de las copas de los árboles y el ruido de la cuerda al pasar por el sistema de descenso.







Al finalizar el curso se recomienda tomar el paseo en teleférico y contemplar desde lo alto el recorrido realizado.

Un curso seguro

Las indicaciones nunca faltan.  El equipo es certificado bajo estándares internacionales de seguridad y el curso completo se lleva a cabo con asistencia de descenso.  Esto funciona con un instructor en la parte baja, listo para tensar la cuerda y detener cualquier caída.

Las familias que subían hacia el Parque Teleférico observaban con atención cada movimiento.  Pareciera un mundo paralelo, pues mientras la tranquilidad reina en las orillas del lago, un mundo de emoción se esconde en los muros del Filón de Amatitlán.

Texto por: Héctor Roldán
Fotografías: Jorge Morales

El viaje y el curso fueron cortesía dewww.verticalexpeditions.com.gt