Viaje a Guatemala Viaje a Guatemala Prensa Libre


[ Archivo de publicaciones ]


Notas relacionadas:

Existen destinos turísticos en los que priman el confort, todo incluido, piscinas climatizadas, el mesero amable y la...
Caminar por los senderos de Petén no es solo cambiar la jungla de concreto por la selva tropical. Hacerlo es llenarse...
Toda ciudad que se precie de serlo debe de contar, además de infraestructura y servicios típicos de las grandes urbes,...
Hablar del Lago de Atitlán es reconocer la belleza de este paisaje, un paseo por la calle Santander y una vida...
Hun Nal Ye, se traduce como “La Casa del Dios de la Luna”.  Un lugar de peregrinaje de varias etnias de los antiguos...
En mayo próximo se dará a conocer las escenas que Maroon 5 y Guster trabajaron en la Reserva de la Biosfera Maya.  ...
Mientras las olas del mar se acercan con más suavidad hacia la playa de arena volcánica, el fuerte sol da paso a una...
Mide alrededor de 130 metros y deslumbra con su entorno boscoso a turistas nacionales y extranjeros. Por Jeovany...

Antigua Guatemala


Copyright

viajeaguatemala.com es un portal de Prensa Libre. Derechos reservados.

Una visita al paraíso

Guatemala ha sido llamada una ventana al paraíso, lo que no es una exageración por su variada topografía y su agreste vegetación. Así que el nombre ha sido tomado por una finca que ofrece, en el lago de Izabal, un recorrido por aguas termales.

A tan sólo media hora de la población de Río Dulce, navegando por lancha, se encuentra una opción más para los amantes de la naturaleza. En el embarcadero de San Felipe se puede abordar una pequeña nave que conduce a los interesados a un paseo sin sobresaltos, tranquilo y relajante como el agua del lago. También se puede llegar a ella por la carretera que comunica a El Estor, aunque el trayecto se hace un poco más lento, porque bordea la parte norte del lago.

El corto viaje por agua permite a la vista perderse por la Sierra del Merendón por el sudeste y la Sierra de Santa Cruz al noroeste, en algunos tramos cubiertos por las nubes, a pesar de los 2,000 metros que alcanza en algunos puntos la del Merendón. Durante todo el trayecto las gaviotas acompañan al viajero, algunas posando su plumaje sobre la superficie de las aguas, otras en fuga por la lancha o expandiendo su vuelo.

Los viajeros comentan sobre el calor disipado por el agua, la luz del sol que abrasa los rostros sin bloqueador o que no llevan visera ni sombrero. Pero el clima y el entorno invitan a la ropa de baño o las pantalonetas cuando menos.

Después de la selva, poco a poco empiezan a vislumbrarse en la orilla fincas ganaderas, donde pasta el ganado vacuno. Entre ellas también puede verse alguna finca de banano.

Por la brevedad del trayecto, pronto se arriba al embarcadero de El Paraíso. Los propietarios de la finca han dispuesto un cómodo restaurante, que ofrece bebidas y comidas de mariscos, que luce su techo de palma a la distancia y desde el cual se ve el paso de yates pequeños y lanchas por el lago. Quienes desean hacer un recorrido más largo, sobre todo si han llegado por carretera, pueden pernoctar en uno de los bungalows construidos frente a la playa.


Aguas calientes y frías

Llegar a las aguas que constituyen el atractivo de El Paraíso es otra aventura. Se puede recorrer parte de la propiedad a pie, por un camino de terracería, que se ha ido formando entre los potreros y plantaciones de maíz. Se recorre en poco más de media hora, a un ritmo pausado y lento. También se puede llegar a las aguas por vehículo automotor, lo que reduce el recorrido a cinco minutos en un pintoresco tractor que usualmente se dedica a tareas agrícolas y que, cada cierto tiempo o bien cuando se reúne un grupo numeroso, se utiliza para transportar a los turistas en una especie de carretón acondicionado para el efecto. El viajero se sienta sobre anchos tablones, disfruta del clima y la vegetación al alcance de su mano.

En algunos tramos la milpa parece saludar mientras las largas hojas de maíz se mecen al ritmo del viento y, cada cierta distancia, algunas jovencitas pasan cargando canastos con objetos ocultos por las telas multicolores del telar mayanse. El recorrido termina en una pequeña planicie, dispuesta para que los vehículos puedan dar vuelta. Allí, dos pequeñas niñas con trajes q'eqchi'es ofrecen dobladas y hojuelas. Las dobladas son tortillas de maíz fritas y rellenas con papa, de agradable sabor salado, mientras que las hojuelas son dulces, cubiertas con azúcar y, si el comensal lo desea, se les rocía un poco de miel que las niñas llevan en un pequeño frasco.

Aunque la comida es tentadora no es conveniente comerla de ida sino de regreso, para poder nadar. Porque a El Paraíso, todos deben llegar con traje de baño y sandalias para el agua. Una vereda empinada entre la maleza, anuncia el camino para las aguas, el trayecto es confortable, hay troncos para consolidar el terreno y evitar resbalones. La sombra de los árboles impide el paso de la luz solar y el bronceado.

Tras unos 100 metros de recorrido, el viajero llega a una abertura del terreno, unos troncos sirven de pasamanos y baranda: hemos llegado a nuestro destino. Las rocas que limitan la corriente son grandes y resbaladizas.

El riachuelo se extiende a un lado. Su fuente está distante, pero su atractivo es otra corriente de agua que llega desde unos 20 metros de alto, un salto de aguas calientes que nacen a otros 100 metros, comenta nuestro guía. Es tan caliente que se pueden cocer huevos , nos indica.

El agua es cristalina, puede verse a los habitantes acuáticos del riachuelo, algunos de ellos son mojarras, y la poca profundidad permite recorrer la poza que se forma donde confluyen las corrientes, pero es lo suficientemente amplia para nadar en ella.

Los amantes del agua se sientan sobre otra roca y reciben las aguas calientes sobre su cabeza, la presión es agradable y la sensación relajante, un verdadero paseo por El Paraíso que no se olvidará fácilmente.

Redacción viajes